POR Alejandra Raies y Marina Smith

Arqueólogas parte del GEAHF

A lo largo de la historia, las personas nos hemos preguntado incesamente por el pasado. Los objetos de épocas remotas han despertado intereses de los más variados alrededor del globo. Desde viajeros de antaño, “historiadores” de la antigüedad, los primeros proto-arqueólogos hasta cazadores de tesoros, coleccionistas y aficionados se han ocupado de hurgar en las huellas materiales de las sociedades pasadas. Estas sociedades que despiertan fascinación habrían quedado detenidas en un tiempo pretérito.

Dentro de este marco, la disciplina por excelencia abocada al estudio de las prácticas socio-culturales del pasado a través de sus restos materiales es la Arqueología. Su definición ha conllevado diversas discusiones sobre su objeto de estudio y sus propósitos en la sociedad a lo largo del tiempo. En ese devenir, ésta fue cambiando desde una versión anticuarista y fetichista – relacionada a la colección y exhibición masiva de objetos y cuerpos- hasta una mirada científica con un creciente interés por entender cómo eran las formas de vida del pasado en sus aspectos sociales, políticos, económicos, etc.

Fotografía del área de restos humanos del Museo de La Plata, inaugurado en 1888. Hoy en día se configura como la institución sudamericana con mayor cantidad de restituciones de cuerpos a los pueblos originarios amparados en la Ley 25.517.Fuente: Agencia Paco Urondo

De esta manera, dada la naturaleza cambiante de su definición, la Arqueología no ha escapado de verse envuelta en varios mitos, malentendidos e historias erróneas que promovieron prácticas que atentaron -y atentan- contra el patrimonio cultural de diferentes partes del mundo. Por ello, es necesario establecer una definición precisa acerca de qué es la Arqueología, como así también qué no lo es.

La Arqueología: una definición

La Arqueología es una disciplina científica que se ocupa de estudiar las sociedades del pasado a través de su cultura material, es decir, todos aquellos restos de objetos, muebles e inmuebles, que formaron parte de la vida de un grupo sociocultural determinado. Esta cultura material es producto de la cotidianeidad de las personas, como así también de los momentos o situaciones extraordinarias. A través de su estudio podemos inferir un sin fin de aspectos tales como: qué comían, cómo vivían, qué actividades realizaban, cuál era su tecnología, cuáles eran sus creencias, dónde habitaban, entre muchas otras interrogantes.

Pero para poder responder a esas preguntas resulta de suma importancia lograr recuperar  el contexto donde esos restos o vestigios materiales se depositaron. La espacialidad y el entorno -natural y cultural- donde las evidencias arqueológicas se encuentran permiten, de una manera casi detectivesca, establecer asociaciones e inferir cadenas de acontecimientos y prácticas, ya que los objetos, por sí solos, aportan poca información sobre el pasado.

Así, como ciencia social, la Arqueología se ocupa de estudiar los acontecimientos del pasado valiéndose de diferentes fuentes y metodologías con el fin de entender y visibilizar el desarrollo de las sociedades a lo largo del tiempo. Su campo de aplicación es inmensamente vasto, y abarca desde el estudio de los vestigios óseos y herramientas asociadas de los homínidos que fueron precursores de la especie humana hace más de un millón de años, las primeras personas que poblaron el continente americano hace más de 15000 años hasta el análisis de evidencias materiales pertenecientes a sociedades del siglo XIX o el abordaje de hechos sucedidos hace 30 años atrás, como la última dictadura cívico-militar Argentina.

El patrimonio cultural y su protección legal

Los objetos materiales y sus contextos arqueológicos – aquellos espacios en donde se hallan rastros significativos de actividad humana- conforman lo que se conoce como patrimonio cultural. Dicho patrimonio cuenta con la particularidad de ser de carácter público, lo que implica que le pertenece a todos/as y, a la vez, a nadie en particular. De esto se desprende que ninguna persona debería privar al resto de la comunidad de su derecho a acceder al conocimiento del pasado. Así, el valor del patrimonio cultural radica en su capacidad única de brindar información acerca de las sociedades del pasado y en este sentido no es susceptible de ignorarse, comprarse o venderse, usarse o descartarse. Sin embargo, más allá de la importancia que el patrimonio representa para la ciencia y la memoria de los pueblos, muchas veces se ve amenazado por diferentes acciones como el vandalismo, el detectorismo, el coleccionismo y el saqueo.

 Con el objetivo de preservar dicho patrimonio cultural de este tipo de prácticas, en el año 2003, en Argentina, se promulgó una ley de carácter nacional –Ley Nº 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico – que se ocuparía de proteger de la destrucción, el deterioro, la desaparición y el tráfico ilegal a los objetos culturales que alguna vez fueron utilizados por las sociedades en el pasado. Esta ley posee vigencia hasta la actualidad y explica de qué manera hay que actuar frente a la posibilidad de encontrarse con material arqueológico. Nosotras te lo resumimos aquí.

¿Qué hago si encuentro un objeto arqueológico? Frente a un hallazgo fortuito de una objeto arqueológico o que presumimos que lo es debemos dar aviso a las autoridades locales o nacionales. El patrimonio nos pertenece a todas las personas y para poder compartir el conocimiento hay que preservarlo.

Contrario a la ley, el interés por parte de cazadores de tesoros, coleccionistas, aficionados, huaqueros y detectoristas de metales por ciertos objetos arqueológicos que son considerados “valiosos”, rompe con dicha premisa y dista abismalmente de lo que la ciencia y el estado buscan estudiar, proteger, preservar y conservar. 

Estas prácticas, realizadas como un hobby y con un fin netamente económico y/o personal, son notoriamente dañinas al poner en peligro el verdadero valor de esos materiales, que son las historias que pueden recuperarse a través  de su investigación. Al generar la desarticulación de los hallazgos y sus contextos mediante el expolio ilegal, se pierde  para siempre la información que, metodológica y meticulosamente, se recaba en las investigaciones realizadas por diversos profesionales abocados al conocimiento del pasado.

Si bien existen diferentes organismos en la actualidad que se encargan de garantizar la aplicación de la ley en los casos que sea necesario, el patrimonio cultural sigue estando en peligro a causa de las prácticas anteriormente mencionadas. Es fundamental la labor mancomunada entre los científicos, los medios de comunicación y la comunidad con el fin de establecer canales de divulgación y difusión de los conocimientos científicos en relación al patrimonio para lograr su protección.

Particularmente, dentro de este ámbito han sido contraproducentes las películas, series y otras diversas formas de comunicación mediática que ha mantenido una imagen romántica de cazadores de tesoros, detectoristas de metales, buscadores, etc. Ya sea por desconocimiento u omisión, estas promueven una actividad ilegal, dañina e irreparable bajo la inocente analogía del heroísmo de Indiana Jones u otros cazatesoros ilustres. El detector de metales ha sido popularizado cómo un hobby, por eso te contamos ¿Para qué sirve un detector de metal? y para qué no.

El detector de metales es una herramienta que podemos utilizar para investigar, aunque también bajo el nombre de “hobby” es corrientemente utilizado para el expolio ilegal de material arqueológico

La importancia de proteger el patrimonio cultural

Los bienes patrimoniales públicos, al ser sustraídos y expoliados ilegalmente, pierden su carácter social y se transforman en bienes privados de una persona o unas pocas, restringiendo a la sociedad restante el derecho de acceder al conocimiento de su pasado. Es por ello que resulta de gran necesidad que el patrimonio sea democratizado y socializado para que todos/as puedan optar por dicho conocimiento. A ello debe sumarse que rara vez, los objetos expoliados, son conservados y preservados de la manera adecuada y con el conocimiento técnico pertinente, lo que genera su deterioro y con ello la pérdida de la posibilidad de estudiarlos adecuadamente. 

El conocimiento nos ayuda a forjar una identidad como nación y como sociedad,  nos permite saber quiénes somos, de dónde venimos y a veces, hacia dónde vamos. En este caso, la Arqueología como disciplina nos permite dar cuenta de  la diversidad cultural y los modos de vida del pasado y su resignificación en el presente. Ese conocimiento representa un agente fundamental en la construcción de la memoria colectiva.

 Por otro lado, a través del desarrollo de proyectos y estrategias sustentables que involucren actividades en relación a la protección, conservación y puesta en valor del patrimonio arqueológico, se puede generar diversas fuentes laborales en distintos ámbitos, realizando un aporte activo en la economía de una región. 

De esta manera, existe una relación directa entre la valoración del patrimonio cultural por parte de una sociedad y las posibilidades de ser preservado, conservado y estudiado. Después de todo, solo se valora lo que se conoce. 

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