Me llamo Carlos Landa

Soy arqueólogo o más específicamente: Licenciado en Ciencias Antropológicas con orientación en Arqueología, Magister en Investigación en Ciencias Sociales y Doctor en Arqueología. ¿Es esta la definición que manifiesta mi identidad? ¿Una carrera universitaria construye identidades?

Yo creo que no, pero sí son un eje que puede estructurar y legitimar una vocación y el poder seguir una vocación garantiza un camino pleno de momentos gratificantes. Como dije antes: soy arqueólogo.

En este escrito voy a contar, brevemente, cómo llegué a serlo. No pretendo hacer una guía para el futuro estudiante de esta disciplina sino intentar plasmar las vicisitudes y sensaciones que me acompañaron en este derrotero.

Excavación en el sitio arqueológico “ Fortín Otamendi”, en Benito Juarez, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

De pequeño siempre me sentí atraído por lo que la historiografía tradicional denominaba “Grandes Civilizaciones”. Leía con asombro todo lo relacionado con los egipcios, los griegos y los romanos. Mi curiosidad infantil no distinguía entre enciclopedias y revistas que más tarde clasificaría de “pseudocientíficas”.

Fantaseaba con el trabajo de los arqueólogos, con Lord Carnarvon y Howard Carter en la tumba del rey Tuth, con el Partenón y el Coliseo. Así fueron transcurriendo mis años escolares, descubriendo las lecturas de antiguas ruinas, la rebeldía y el interés por el bello sexo.

En el momento de la apertura de la tumba de
Tutankamón en 1922 de izquierda a derecha Howard Carter, el arqueólogo famoso, Lady Allenby, sentado y Lord Carnarvon.

Finalizando la secundaria y en la encrucijada que implica toda elección de una carrera universitaria, primó la Arqueología por sobre otros gustos e intereses: música, etno-musicología, Historia, guión de historietas, entre otras que el paso del tiempo me impide recordar.

Dentro de las opciones que me ofrecían las universidades nacionales – arqueología no existe en la currícula de ninguna universidad privada – la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata fueron las preseleccionadas. En la universidad porteña, la Arqueología se encuentra subsumida dentro de las Ciencias Antropológicas, mientras que en La Plata existe como carrera autónoma. La UBA fue mi elección por una simple razón: la proximidad. Por la misma razón decidí realizar el CBC (Ciclo Básico Común) en la Ciudad Universitaria. Esta experiencia fue enriquecedora, aprendí a concebir otros tiempos que no estaban signados por los timbres del recreo ni actos escolares. Descubrí la militancia académica (aunque confieso, no sin rubor, que nunca he participado de la política universitaria) y el debate de ideas. Todas estas características las vi amplificadas ya durante el curso de la carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, en el viejo Puan 480.

Campaña arqueológica en el sitio “Vuelta de Obligado”, en el Paraje Vuelta de Obligado, San Pedro, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

A los tumbos comprendí que si bien las materias no poseen correlatividad alguna, existe un orden tácito, un orden que se forjó mediante la experiencia de generaciones de estudiantes y se difunde por el eterno y etéreo boca a boca. Durante las cursadas fui sorprendiéndome al comprobar que la idea romántica y aventurera que yo tenia de la Arqueología distaba de la práctica metódica y sistemática propia de una disciplina científica.

No se trata de tener suerte y hacer pozos en los lugares correctos, sino del desarrollo de proyectos de investigación sustentables que permiten indagar sobre distintas prácticas, actividades y conductas de diversos grupos sociales del pasado.

Comprendí que los estudios arqueológicos abarcan el lapso temporal que nuestra especie viene ocupando en el planeta (e incluso el de otras especies homínidas anteriores extintas). Por otra parte si bien en algunas pocas materias se ven a las culturas del “Viejo mundo” – mis queridos egipcios, griegos y romanos – fui percatándome que existieron y existen otras muchas culturas que los manuales escolares invisibilizan continuamente (en un claro ejemplo de colonialismo del saber, donde la historia europea se constituye en el eje central de la historia universal).

Pasaron ante mis ojos cientos de artículos sobre los primeros americanos, los cazadores recolectores de Pampa y Patagonia, enigmáticas culturas del actual Noroeste Argentino, entre muchísimos otros grupos humanos del pasado.

Entendí que la historia que nos cuentan en nuestra educación básica es europeizante.

En ella los grupos de pueblos originarios americanos siguen siendo representados como una esencia natural encadenadas al paisaje de modo estático y ahistórico. Estos pueblos tienen sus múltiples, ricas y variadas historias. Historias que continúan el día de hoy.

Sus restos materiales se vuelven documentos en las manos de los arqueólogos, dándole entidad y forma a las historias de pueblos que en muchas ocasiones no encuentran representación alguna.

Pucará de Tilcara, Provincia de Jujuy, Argentina.
IV Congreso Argentino de Arqueología Histórica

Una vez como alumno avanzado en la carrera ingresé en un grupo de investigación de la universidad. Allí me especialicé en una rama de la Arqueología que se denomina: Arqueología histórica.

La misma estudia el pasado reciente, un pasado entretejido de mercantilismo, capitalismo, imperialismo y otros tantos ismos nada agradables y de cómo los mismos afectaron a otros tantos grupos sociales también muchas veces invisibilizados (negros, indios, obreros, soldados, gauchos, inmigrantes, etc.).

He estudiado así fuertes, fortines y tolderías indígenas de la época de conflicto fronterizo entre el estado-nación emergente y los pueblos originarios de la pampa (siglo XIX). También batallas civiles del mismo siglo, asentamientos rurales de colonos, entre otros.

Sitio “Batalla La Verde”, Partido de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Dentro del equipo fui presentando proyectos de investigación y así fui desarrollando diversas tesis financiado por medio de becas que fui ganando (UBA y CONICET). Actualmente sigo investigando, sigo haciendo Arqueología como becario post doctoral del CONICET. Tengo la dicha de trabajar en lo que tanto me gusta y por lo que tanto estudié. Por lo tanto y sólo por eso me considero un afortunado, me considero un arqueólogo.

Saludos

Dr. Carlos Landa

Nota publicada originalmente en https://recursosargentinos.wordpress.com/2011/04/23/me-llamo-carlos-landa-y-soy-arqueologo/

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3 Responses

    • Qué impulsó a la gente de la campaña desde 1810 hasta la independencia a luchar en los ejércitos argentinos?

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